Pensando nuestro trabajo en lo comunitario

Juan Zilman


           Cuando se piensa en organizaciones de la asociación civil, o en organizaciones no gubernamentales que realizan un trabajo comunitario territorial con poblaciones vulneradas, se suele asociar casi automáticamente dicho trabajo a una suerte de asistencia paternal en la que un grupo de personas con cierto grado de sensibilidad social se reúne intermitente-

mente para brindar una ayuda caritativa y verticalista a quienes “más lo necesitan”; ayuda que muchas veces se encuentra ligada a lo material, a lo anónimo, a una especie de dádiva romántica que nada tiene que ver con lo que realmente constituye un verdadero trabajo comunitario y territorial que se proponga romper con los muros reales y simbólicos que oprimen y configuran el estado de vulnerabilidad y marginación que afecta a los barrios populares con los que se trabaja. En un contexto económico y político mundial que sustenta un sistema que siempre deja restos, que cada año incrementa los bolsones de pobreza como efecto colateral de la acumulación desmedida de capital, desde Fundación Manos Abiertas nos proponemos defender, promover y garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes, lo cual se logra concretamente a través de diferentes equipos que se encargan de generar un espacio donde la infancia tenga lugar, facilitando el juego, la escucha, el lazo social, el aprendizaje significativo y la contención que los primeros años de la vida demandan para un crecimiento sano y digno de todo ser humano.


Lo cierto es que realizar un trabajo comunitario supone mucho más que la “sensibilidad” propia de voluntarios que se vuelven solidarios por reconocer sus privilegios de clase, supone esencialmente la capacidad de poder sentir que hay otro que está sufriendo una situación de injusticia, supone un atravesamiento del sufrimiento del otro que nos arranca del letargo, la apatía y la indiferencia. Estamos hablando de un concepto muy simple de comprender pero que cada vez parece más difícil de experimentar: la empatía. Nos proponemos generar un espacio de reflexión que permita pensarnos como sujetos éticos que buscan transformar la realidad en tanto asumimos el compromiso de luchar por un mundo más justo y habitable. Entendemos que la militancia por los derechos humanos, específicamente por los derechos de niños, niñas y adolescentes, se nutre de una acción transformadora, de un trabajo comunitario y territorial que exige poner el cuerpo semana a semana para consolidar un vínculo con quienes trabajamos, encontrando en la constancia  y el compromiso con ese hacer, la única vía que nos permite sostener los espacios propuestos por los diferentes talleres a los fines restituir una infancia que se encuentra en riesgo. Sin embargo, pretendemos consolidar un hacer reflexionado para alcanzar así una verdadera praxis (en el sentido Freiriano de la palabra) que articule lo que se hace con lo que se piensa, que nos permita ubicarnos en la sociedad y en el mundo desde cierta posición ideológica compartida que emerja del debate y el cuestionamiento crítico de la realidad por parte de todos los que conformamos Manos Abiertas.Buscamos posibilitar una acción comunitaria reflexionada, evitando así caer en automatismos caritativos propios de los dispositivos asistenciales que sólo perpetúan la desigualdad y reproducen el esquema de opresión de las relaciones de poder imperantes.

Buscamos posibilitar una acción comunitaria reflexionada, evitando así caer en automatismos caritativos propios de los dispositivos asistenciales que sólo perpetúan la desigualdad y reproducen el esquema de opresión de las relaciones de poder imperantes.

De esta manera, creemos fundamental un espacio institucional orientado no tan sólo a la reflexión y la capacitación, sino fundamentalmente dirigido a una construcción conjunta de conocimientos que permitan la adquisición de herramientas para un mejor desempeño territorial a los fines de concretar verdaderamente la transformación de la realidad (por más mínima que sea) que anhelamos.



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